Hay cosas en la vida, situaciones, sentimientos que no se pueden explicar, que simplemente hay que vivirlas. No pretendo ni puedo explicar lo que siento al vivir experiencias como esta JMJ, la cual no ocurre todos los días.
No tuve en su momento la oportunidad de ir como perteneciente a mi movimiento, pero las diosidades de la vida, como dice un gran hombre, son las que hicieron que el pasado jueves viendo la tele, le dijera a Ale: ¿nos vamos a Madrid?, y que, directamente sin organizar nada, únicamente con la ilusión de que era posible, compráramos los billetes.
Así, salíamos el viernes a las 22:30 de Málaga con destino Madrid sin creerme aún que siete horas y media después estaría pisando las calles de nuestra capital viviendo más tarde un momento tan emocionante que me es imposible describir o explicar, y que una persona que no comparta la fe sería capaz de entender.
Con llegada a las 6:00 de la mañana a Madrid, sin apenas dormir salíamos de la Estación Sur hacia Atocha para dirigirnos al Parque del Retiro sin saber que sería ahí donde lo veríamos.
El Parque estaba cortado debido a las confesiones que no sabíamos iban a tener lugar momentos más tarde, por lo que nos quedamos a esperar...y, poco después, se me saltaban las lágrimas de emoción.
Aún no se porqué, ya que no esperaba esa reacción, es imposible de explicar, sólo se puede vivir.
Fue magnífico y muy emocionante ver cómo millones de personas, en su mayoría jóvenes estábamos allí por la misma razón. Personas llegadas de todos los continentes, de todas las razas y culturas con un mismo sentir, todas unidas en Cuatro Vientos, en esa vigilia pasada por agua, otra experiencia única.
Que nadie pretenda que le dé razones de porqué hice lo que hice o sentí lo que sentí, simplemente fue así y eso es lo que me hace ser como soy y creer en lo que creo. Nadie podrá hacerme sentir lo contrario.
Gracias mi vida por acompañarme en este viaje y vivir esos momentos tan especiales conmigo. GRACIAS por hacerlo posible.
No tuve en su momento la oportunidad de ir como perteneciente a mi movimiento, pero las diosidades de la vida, como dice un gran hombre, son las que hicieron que el pasado jueves viendo la tele, le dijera a Ale: ¿nos vamos a Madrid?, y que, directamente sin organizar nada, únicamente con la ilusión de que era posible, compráramos los billetes.
Así, salíamos el viernes a las 22:30 de Málaga con destino Madrid sin creerme aún que siete horas y media después estaría pisando las calles de nuestra capital viviendo más tarde un momento tan emocionante que me es imposible describir o explicar, y que una persona que no comparta la fe sería capaz de entender.
Con llegada a las 6:00 de la mañana a Madrid, sin apenas dormir salíamos de la Estación Sur hacia Atocha para dirigirnos al Parque del Retiro sin saber que sería ahí donde lo veríamos.
El Parque estaba cortado debido a las confesiones que no sabíamos iban a tener lugar momentos más tarde, por lo que nos quedamos a esperar...y, poco después, se me saltaban las lágrimas de emoción.
Aún no se porqué, ya que no esperaba esa reacción, es imposible de explicar, sólo se puede vivir.
Fue magnífico y muy emocionante ver cómo millones de personas, en su mayoría jóvenes estábamos allí por la misma razón. Personas llegadas de todos los continentes, de todas las razas y culturas con un mismo sentir, todas unidas en Cuatro Vientos, en esa vigilia pasada por agua, otra experiencia única.
Que nadie pretenda que le dé razones de porqué hice lo que hice o sentí lo que sentí, simplemente fue así y eso es lo que me hace ser como soy y creer en lo que creo. Nadie podrá hacerme sentir lo contrario.
Gracias mi vida por acompañarme en este viaje y vivir esos momentos tan especiales conmigo. GRACIAS por hacerlo posible.
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